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La mayoría de las pymes necesitan acceder a la financiación externa en algún momento a lo largo de su vida, ya sea para comenzar el negocio, cubrir las necesidades de circulante, emprender un proceso de internacionalización o invertir en equipo productivo e innovación. El acceso a los créditos bancarios, la principal fuente de financiación que eligen las pymes españolas, ha mejorado en comparación con la crisis, pero no siempre es posible obtener los fondos necesarios.
¿Qué factores influyen en la concesión de un crédito bancario?
Además de la situación económica del país y factores estructurales como el marco jurídico, en la concesión de los créditos y otras formas de financiación bancaria influyen variables más específicas, como la productividad, rentabilidad y el perfil de riesgo de las pymes.
Las entidades bancarias suelen solicitar que las pymes tengan varios meses o años de antigüedad y que sean capaces de generar un mínimo de beneficios. También deben estar al día en el pago de impuestos y con la Seguridad Social.
Según la cantidad que solicite la empresa, es probable que la entidad bancaria pida garantías, ya sea en forma de avales o activos de la propia empresa. El banco realizará un perfil de riesgo de la pyme para valorar si concede la financiación y bajo qué condiciones.
El acceso a la financiación no es igual en todos los sectores
Las necesidades de financiación de las pymes no son iguales en todos los sectores de la economía. Las empresas que operan en Transporte y correos, Construcción, Servicios a las empresas, Industria manufacturera, energía y agua, y Comercio y servicios personales suelen necesitar más financiación que la media, según indicó el VIII informe “La financiación de la pyme en España” aunque eso no significa que puedan acceder fácilmente a los créditos y préstamos bancarios.
Según dicho informe, en 2018, el 84,6 % de las pymes que necesitaron financiación bancaria la obtuvieron, una cifra superior a la del año anterior, pero el porcentaje de pequeñas empresas a las que han denegado su solicitud se sitúa en valores bastante similares a los de hace un año, un 5,3 % frente al 5,6 % de 2017. De hecho, la reciente Encuesta sobre Préstamos Bancarios en España reveló que, durante el cuarto trimestre de 2019, se produjo un ligero endurecimiento de los criterios de concesión en todas las modalidades de financiación, tanto para las grandes empresas como para las pymes.
Según dicha encuesta, las dificultades para acceder a la financiación se deben fundamentalmente a los costes mayores relacionados con el nivel de capital y el aumento de la percepción de riesgos. Debido a esa tendencia, ha aumentado el número de empresas a las que les solicitan garantías o avales para acceder a la financiación bancaria.
No obstante, la demanda de garantías no es homogénea. Las pymes que operan en estos sectores necesitarán presentar más garantías que la media:
Telecomunicaciones y sociedad de la información – 21,1 %
Hostelería y restauración – 19 %
Servicios a las empresas – 18,8 %
Construcción – 16,5 %
El endurecimiento de los criterios para acceder a la financiación en estos sectores se debe, al menos en parte, a la disminución de las expectativas sobre los mismos, lo cual aumenta la percepción del riesgo y hace que las entidades bancarias miren con lupa a las pymes que trabajan en esas áreas. También influye el incremento del ratio de morosidad que se ha producido durante el segundo semestre de 2019.
Acceder a la financiación en 2020: ¿Qué depara este año?
El Banco de España afirmó que “las expectativas para el primer semestre de 2020 apuntan a una prolongación, generalización e intensificación de estos efectos”, lo cual significa que es probable que las pymes tengan más dificultades para acceder a la financiación.
En cualquier caso, recuerda que con la ayuda de las SGR podrás acceder a la financiación que necesitas. Con su aval podrás acceder a la financiación bancaria de manera más ágil y sencilla, consiguiendo mejores condiciones en términos de plazos y tipos de interés.Oportunidades del comercio internacional
La crisis económica produjo una contracción de la demanda interna que impulsó a muchas empresas españolas a buscar nuevos mercados más allá de las fronteras nacionales. Ese cambio se ha ido consolidando a lo largo de los años, de manera que en la actualidad el comercio internacional está desempeñando un papel cada vez más importante en muchas empresas y en la propia economía española.
El estado de las exportaciones en España
En la última década las exportaciones han ido ganando protagonismo en la economía española, aumentando su peso en el PIB en 8,8 puntos porcentuales, según reveló un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Esa relevancia se debe a que el número de las empresas exportadoras prácticamente se ha duplicado, pasando del 3,2 % en 2009 al 6,1 % en 2018.
Aunque esos datos son positivos, cuando se analiza en detalle el comercio internacional se puede apreciar que las exportaciones están muy concentradas en pocas compañías. El 9,9 % del total de las exportaciones españolas son generadas por apenas 5 firmas y el 58 % de las mismas pertenecen a 500 grandes empresas. Por tanto, es importante seguir incorporando empresas que exporten con regularidad, sobre todo pymes.
¿Cómo beneficia el comercio internacional a las pymes?
Gracias al comercio internacional, las pymes pueden diversificar los mercados en los que operan. La posibilidad de trabajar en diferentes países fortalece a la empresa, permitiéndole enfrentar mejor una posible contracción de la demanda interna o una pérdida de la cuota de mercado debido a la aparición de nuevos competidores. Contar con proveedores extranjeros también puede contribuir a reducir los costes de la pyme, de manera que sea más competitiva.
Las empresas que operan en el comercio internacional también suelen experimentar un aumento de las ganancias. Ahora mismo, más del 36 % del volumen de facturación de las pymes españolas que se dedican a la exportación proviene de los mercados exteriores, según reveló el Observatorio MESIAS de Pymes Exportadoras. Las claves para que las pymes puedan aprovechar las ventajas que ofrece el comercio exterior consisten en estudiar adecuadamente los posibles mercados, ofrecer productos o servicios de calidad y establecer un plan de negocios internacional viable.
Las mejores oportunidades de comercio internacional para las pymes españolas
Apostar por países cercanos, lo que se conoce como nearshore, puede ser una buena estrategia de internacionalización, sobre todo porque en la Unión Europea existe un marco legislativo común que facilita los complejos y, a veces, prohibitivos procesos que son necesarios para cumplir con los requerimientos de calidad y conformidad en los diferentes mercados. No obstante, existen países en vías de desarrollo que representan excelentes oportunidades de comercio internacional para las pymes españolas:
- América Latina. Los lazos culturales que unen a España con la mayoría de los países latinoamericanos facilitan la exportación, mientras que el idioma común puede agilizar las negociaciones. A esto se le suma que la marca España ha encontrado una gran aceptación, lo cual allana el camino a las pymes que quieran incursionar en este mercado. En sentido general, en Latinoamérica existen buenas oportunidades en el sector de la construcción, la logística y la distribución comercial, aunque también se puede invertir en bienes de equipo, transporte, energía y turismo.
- India. Este país en crecimiento, con una gran población, representa una excelente oportunidad para las pymes que quieran abrirse al comercio internacional. Las reformas que ha aplicado el gobierno en los últimos años han facilitado los negocios, y el aumento de la inversión estatal está generando buenas oportunidades en el sector de las infraestructuras, fundamentalmente en la construcción de carreteras, vías ferroviarias y aeropuertos. También se están impulsando las infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones, así como la gestión de residuos y el tratamiento del agua. Otros sectores interesantes son la automoción y maquinarias.
- África. Durante la última década algunos países africanos han presentado un crecimiento económico sostenido, por lo que, con las reformas estructurales adecuadas, representan una oportunidad para el comercio internacional. Angola, por ejemplo, es uno de los mercados más interesantes para las pymes españolas, aunque en toda la región hay muchas industrias emergentes que necesitan un empuje, como la agricultura, que ya representa el mayor sector económico de África, pero aún tiene mucho margen para crecer. En países como Marruecos, Egipto, Túnez y Sudáfrica se está apostando por la manufactura y los servicios debido al aumento de consumo de una incipiente clase media, aunque también hay espacio para la construcción de viviendas, modernización de las infraestructuras y creación de fábricas.
Emprendimiento y empresas jóvenes
La creación de nuevas empresas es un dato positivo a nivel económico y social ya que no solo genera más puestos de trabajo, sino que contribuye a dinamizar el mercado, incorporando nuevas ideas que estimulan la evolución del sector para adaptarse mejor a las necesidades de los consumidores. Aun así, muchas empresas jóvenes se ven obligadas a operar en un entorno complejo y adverso que puede poner en riesgo su proyecto de negocio.
El estado del emprendimiento en España
En España, el nivel de emprendimiento medio se sitúa en el 5,5 %, de manera que 5,5 personas han emprendido un negocio por cada 100 personas ocupadas, según reveló el I Informe sobre emprendimiento y empresas jóvenes que crean empleo, elaborado por Cesgar Esto significa que las empresas jóvenes están desempeñando un papel cada vez más protagonista en el tejido empresarial español.
En la actualidad, las empresas jóvenes que crean empleo representan aproximadamente un 12,7 % del total del tejido productivo empresarial, aunque existen diferencias significativas por comunidades autónomas. Canarias, Madrid y Andalucía son aquellas en las que tienen mayor peso, representando porcentajes superiores al 14 %. En el extremo opuesto se encuentran Asturias, País Vasco, Castilla y León y Navarra, comunidades en las que este tipo de empresas no representan siquiera el 10% del tejido productivo, por lo que tienen un peso menor.
Los sectores en los que más se ha emprendido en los últimos cinco años son: Comercio y servicios personales, Servicios a las empresas, Construcción y Hostelería y restauración, precisamente aquellos que tienen un mayor peso y tamaño en la economía española. No obstante, sectores como la Educación, Actividades artísticas y recreativas y Telecomunicaciones y Sociedad de la Información han registrado el mayor nivel de dinamismo emprendedor (explicar cómo se obtiene este índice de dinamismo emprendedor).
Los 3 retos principales a los que se enfrentan las empresas jóvenes
A pesar de que las empresas jóvenes crean empleo y contribuyen a renovar el tejido productivo, tienen que enfrentarse a numerosos retos durante sus primeros años de vida:
Acceso a la financiación
Aunque algunas pymes han desarrollado modelos de negocio más flexibles y acceden a fuentes de financiación menos convencionales, siguen estando en desventaja en comparación con las grandes empresas o aquellas consolidadas. Es habitual que encuentren mayores obstáculos en el acceso a la financiación, generalmente debido a su reducido tamaño, la falta de experiencia y de conocimientos financieros y su escasa capacidad negociadora. Obtener financiación a largo plazo es aún más complicado, lo cual puede terminar poniendo en riesgo la viabilidad del proyecto de negocio o limitar su crecimiento.
Atraer y retener el talento
El talento es la base de toda empresa. Con un equipo de trabajo capacitado y comprometido es más fácil enfrentar los diferentes retos, de manera que el negocio pueda crecer a buen ritmo. Sin embargo, la mayoría de las empresas jóvenes tienen problemas para profesionalizar su gestión. Dado que cuentan con recursos económicos limitados, les resulta difícil atraer y retener al talento. Como resultado, al no contar con los profesionales cualificados que necesitan, tendrán más dificultades para competir en el mercado y su capacidad para innovar se reducirá considerablemente.
Posicionar la marca
En un mundo cada vez más saturado y competitivo, la marca se convierte en uno de los activos más importantes para una empresa. Una estrategia de branding exitosa no solo permite diferenciar los productos o servicios, sino que también les confiere relevancia, lo cual se traducirá en más ventas. Las empresas jóvenes suelen tener dificultades para hacer branding, ya que a menudo no cuentan con los recursos necesarios para crear una marca, trabajar su imagen corporativa y transmitir una propuesta de valor bien definida que les permita diferenciarse de la competencia. Eso limita las posibilidades de ampliar la base de clientes y acceder a nuevos mercados, dos condiciones esenciales para el crecimiento empresarial.
“Una gran visión sin grandes personas es irrelevante”, afirmó el consultor de negocios Jim Collins. Ya seas autónomo o tengas una pyme, necesitas rodearte de personas capaces y talentosas que te ayuden a llevar adelante tu negocio. Desarrollar el employer branding (marca empleadora) es la mejor estrategia para atraer y retener a ese talento.
¿Qué es el employer branding?
El employer branding es la imagen que la empresa proyecta de cara a los empleados, tanto aquellos que se encuentran en plantilla como los que desea contratar. Cuando esa imagen es positiva, el negocio no solo será capaz de atraer talento, sino que estará en mejor posición para conservarlo, ya que habrá creado unas condiciones laborales en las que es deseable trabajar. A la larga, una buena marca empleadora permitirá a la empresa ser más competitiva en el sector donde opera.
¿Cómo funciona el employer branding?
El employer branding es una filosofía de trabajo que se desarrolla dentro de la organización, pero cuya onda expansiva llega al exterior. Cuando el autónomo o la pyme crea un ambiente laboral en el que da gusto trabajar, esa imagen se proyecta hacia fuera, mejorando la percepción del negocio.
Por esa razón, el employer branding opera en dos niveles:
Nivel interno. El employer branding aplicado en este nivel aumenta la motivación y satisfacción laboral de los empleados, fortaleciendo su compromiso con la organización y facilitando su retención.
Nivel externo. El employer branding, al crear las condiciones ideales para que los empleados puedan crecer profesionalmente, también es eficaz para atraer nuevo talento, ya se trate de jóvenes recién graduados o profesionales con experiencia.
Las ventajas del employer branding para pymes y autónomos
El 55 % de los profesionales españoles consideran que la conciliación es un factor relevante a la hora de elegir la empresa donde trabajar y el 43 % valoran la flexibilidad horaria por encima de factores como la salud financiera de la organización, según reveló un informe de Randstad. Eso significa que cada vez hay más trabajadores que tienen en cuenta otros elementos más allá del salario, como la posibilidad de desarrollarse profesionalmente o sentirse a gusto en el ambiente de trabajo. En este escenario, el employer branding se convierte en una pieza clave para cualquier negocio, ya sea una pyme o un autónomo.
Diferenciación frente a la competencia. En un mercado cada vez más saturado, donde muchas empresas intentan atraer talento publicitándose como “líderes en el sector” y ofreciendo “salarios competitivos”, el employer branding te permitirá ir un paso más allá, de manera que puedas diferenciar tu marca empleadora y fortalezcas tu reputación.
Aumenta el compromiso de los empleados. Cuando tus empleados no solo tienen buenas condiciones económicas, sino que también pueden trabajar en un clima agradable y cuentan con otros beneficios, como un horario flexible o la posibilidad de emprender nuevos proyectos dentro del propio negocio, su motivación aumentará. El employer branding también fomenta la confianza en la empresa y en los proyectos que se llevan a cabo, de manera que los empleados se sentirán más comprometidos con su trabajo y darán lo mejor de sí.
Atrae talento. Una buena marca empleadora atrae a profesionales talentosos dispuestos a trabajar en la empresa, los cuales contribuirán al desarrollo del negocio proponiendo nuevas ideas y soluciones creativas que permitan optimizar los servicios o el proceso de producción.
Disminuye la rotación de personal. Cuando los trabajadores se sienten satisfechos en su puesto de trabajo, es menos probable que lo dejen para irse a otra empresa. Por eso, el employer branding disminuye la rotación de personal y todos los gastos que ello conlleva.
A la larga, todos los beneficios del employer branding refuerzan la reputación de la marca, mejoran los resultados empresariales y favorecen el crecimiento del negocio.
La gestión de pagos y cobros es una actividad esencial en la pyme, puesto que permite disponer de un buen flujo de caja que garantice el correcto funcionamiento del negocio. La gestión de cobros se refiere a la planificación y control de los pagos que el negocio tiene pendientes por parte de los clientes, mientras que la gestión de pagos implica recibir las facturas de los proveedores y asegurarse de pagarlas en tiempo y forma.
¿Por qué es tan importante la gestión de pagos y cobros?
Proyecta una imagen profesional. Estar al día con los pagos proyecta una imagen profesional que brinda mayor confianza a los proveedores y acreedores, de manera que en un futuro te resultará más fácil negociar un aplazamiento de los pagos.
Garantiza los fondos para que el negocio funcione. Una gestión de cobros correcta garantiza que el negocio tenga la liquidez necesaria para hacer frente a sus diferentes obligaciones, desde el pago a los proveedores hasta la nómina de los empleados.
Reduce costos. Cuanto más tarden en pagar tus clientes, más tardarás en pagar a tus proveedores, pero solicitar un aplazamiento de los pagos a menudo conlleva sobrecostes e implica no poder acceder a descuentos y promociones que abaratarían el importe total. Una gestión de pagos y cobros eficiente evita esos problemas.
Facilita una gestión más eficaz del negocio. Llevar un buen control de los cobros y pagos permitirá que la pyme mantenga un flujo de caja adecuado, de manera que podrá planificar mejor sus necesidades financieras a medio plazo, evitando problemas y buscando soluciones más ventajosas.
Ventaja competitiva. Poder pagar rápidamente a los proveedores, así como no tener que recurrir a fuentes de financiación externas, le brindará a tu negocio una ventaja respecto a otras empresas del sector, lo cual te permitirá ajustar los precios.
Cinco estrategias para gestionar mejor los cobros y pagos en un negocio
El crédito comercial, que implica el aplazamiento del pago a los proveedores, es el instrumento financiero más usado por las pymes. El 37,6 % de ellas recurrieron a esta alternativa en 2018, según el último Informe sobre Financiación de la Pyme, realizado por CESGAR. Aunque para tu negocio sea interesante aplazar el pago a los proveedores, también es probable que tengas que recurrir a la venta a crédito, lo cual implica exponerte a un riesgo de impago o descubiertos que generen problemas de liquidez por retrasos en los pagos. Para evitar estos problemas debes:
- Realizar un estudio de solvencia de los clientes. Antes de cerrar cualquier venta, es conveniente que analices la solvencia de tus clientes potenciales para reducir el riesgo de impagos o pagos atrasados. Los informes comerciales, registros públicos y registros de morosos te permitirán formarte una idea del músculo económico de otras pymes.
- Establecer un sistema de incentivo por pronto pago y penalizaciones por retrasos. Para animar a tus clientes a pagar rápido, puedes realizar un descuento en las facturas y aplicar recargos por los retrasos en el pago de las mismas.
- Determinar un calendario de pagos. Si tienes un negocio pequeño, fijar un día al mes para realizar todos los pagos te facilitará esta tarea, dando a la vez confianza a los proveedores, pues sabrán exactamente cuándo cobrarán.
- Utilizar un software de gestión. Para facilitar la gestión de pagos y cobros, lo más conveniente es recurrir a un software que te permita automatizar todas esas operaciones. Esta tecnología suele tener un sistema de alertas que te avisará de cuándo debes realizar y recibir los pagos, además de indicarte los descubiertos y los gastos que han pasado a tu cuenta. Los programas más completos también permiten llevar el pago de nóminas, liquidaciones de impuestos, préstamos o pagos a la Seguridad Social. Así podrás tener una imagen global del estado de la Tesorería de tu negocio.
- Crear un fondo de emergencias. El informe de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad indicó que el sector público tarda 68 días en pagar y el privado 81, plazos muy alejados de lo que establece la ley. Eso significa que es mejor prevenir y contar con un fondo de emergencias para hacer frente a posibles retrasos en los pagos. Así podrás seguir trabajando con normalidad, sin tener que recurrir a préstamos o incurrir en impagos.
A lo largo de su vida la mayoría de las pymes necesitan recurrir a la inversión externa, ya sea para poner en marcha el negocio, hacerlo crecer o financiar el circulante. Elegir la modalidad de financiación correcta puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso de un negocio.
El crédito comercial es el instrumento financiero más utilizado por las pymes españolas, seguido por las líneas de crédito y el préstamo bancario, opciones a las que recurren el 28,2 y 20,6 % de las empresas, según el informe sobre la financiación de la pyme de 2018. Conocer las diferencias entre crédito y préstamo te permitirá elegir el instrumento más adecuado para tu modelo de negocio.
¿Qué es un crédito?
El crédito o línea de crédito es un contrato entre una entidad crediticia y la empresa, mediante el cual se cede cierta cantidad de dinero durante un periodo de tiempo establecido. La entidad crediticia, que suele ser un banco, pone a disposición de la empresa cierta suma, de manera que esta decide cuánto necesita y en qué momento, teniendo flexibilidad a la hora de devolver las cantidades utilizadas, las cuales vuelven a estar disponibles hasta que termine el periodo del crédito.
¿Qué es un préstamo?
Un préstamo es una operación financiera en la que una entidad, generalmente un banco, concede una cantidad de dinero fija a la empresa, que esta debe devolver dentro de un límite de tiempo determinado. La empresa firma un contrato en el que se indican los intereses que debe pagar y los detalles para la devolución de las cuotas, que suelen tener un carácter regular, ya sea mensual, trimestral, semestral o anual.
Principales diferencias entre crédito y préstamo
Grado de flexibilidad. El crédito es un instrumento financiero más flexible que el préstamo, ya que la pyme podrá disponer del dinero cuando lo necesite, dentro del periodo de tiempo establecido en el contrato. Las condiciones de devolución también suelen ser más cómodas, no son tan rígidas como las cuotas y plazos que imponen los préstamos.
Pago de intereses. Como regla general, las líneas de crédito suelen tener intereses más altos que los préstamos, pero debes tener en cuenta que solo pagarás por la cantidad que uses efectivamente, no por la totalidad del dinero, si bien en algunos casos se puede cobrar una pequeña comisión sobre el saldo que no se ha utilizado. En el caso de los préstamos, los intereses se aplican desde el primer momento sobre la totalidad de la suma recibida.
Posibilidad de realizar aplazamientos. Otra diferencia entre crédito y préstamo se refiere a los aplazamientos. Si has pedido un préstamo, cuando hayas amortizado todo el capital a través del pago de las cuotas, se dará por concluida la operación, sin posibilidad de acceder a más dinero, a menos que pidas otro préstamo. De hecho, solicitar el aplazamiento de un préstamo suele implicar renegociar las condiciones originales del contrato, de manera que es probable que termines pagando intereses más altos. Si has solicitado una línea de crédito, es más probable que puedas renovarla cada año o que la puedas ampliar.
Finalidad. El destino del capital suele ser otra diferencia entre crédito y préstamo. Las líneas de crédito se suelen usar como un colchón financiero, al cual recurrir cuando afrontes una falta de liquidez debido al retraso de pagos de los clientes, para financiar el circulante. Los préstamos, al contrario, se suelen utilizar para financiar actividades de mayor envergadura, como una ampliación del almacén o un proceso de internacionalización.
Necesidad de garantías. Dado que los préstamos se usan para cubrir necesidades mayores de las pymes y autónomos, suele tratarse de cantidades más elevadas que las que otorgan los créditos, por lo que también es más probable que las entidades bancarias soliciten garantías y avales que reduzcan el riesgo de la operación. Considera que aportar esa documentación también suele representar un coste adicional que correrá a cargo de la empresa.
El balance general que se realiza a fin de año en las empresas es de suma importancia, ya que no solo permite conocer el funcionamiento del negocio a lo largo de ese periodo de tiempo, sino que también facilita la toma de medidas correctivas de cara al futuro. El ratio de endeudamiento es un indicador esencial de ese análisis ya que permite estimar la viabilidad de la pyme.
¿Por qué es tan importante analizar el endeudamiento de una empresa?
El nivel de endeudamiento de una empresa es uno de los indicadores más importantes para valorar su salud financiera. Los emprendedores son conscientes de ello, por lo que no es casual que la deuda empresarial en España se sitúe en mínimos de 15 años, encadenando varios trimestres de contracciones desde 2010, según reveló un informe de Bankia.
El ratio de endeudamiento expresa la proporción entre los recursos propios de la empresa y la financiación externa con la que cuenta. Este indicador refleja si el total de las deudas contraídas es adecuado en relación con los fondos propios que posee el negocio, además de brindar una imagen sobre el nivel de dependencia de la empresa de terceros en términos de financiación.
El ratio de endeudamiento también sirve para evaluar el riesgo financiero, teniendo en cuenta el volumen de recursos externos a los que recurre la empresa para realizar sus funciones. Como regla general, cuanto mayor sea el ratio de endeudamiento, mayor es el riesgo de que la empresa no pueda cumplir con sus obligaciones económicas. Si ese indicador refleja un desequilibrio entre la deuda y el patrimonio, es probable que antes o después la empresa tenga un problema de solvencia.
¿Cómo se calcula el ratio de endeudamiento?
La medida del endeudamiento de una pyme se calcula aplicando la siguiente fórmula:
Ratio de endeudamiento = (Pasivo (deuda total) / Patrimonio Neto)
Dentro del patrimonio neto o fondos propios se incluye el capital social, las reservas, subvenciones y donaciones, así como las ganancias de ejercicios anteriores, descontando cualquier tipo de pérdida patrimonial.
Dentro del pasivo exigible se incluyen todas las deudas y obligaciones con terceros a corto y largo plazo, ya se trate de préstamos o créditos con entidades bancarias, deudas con proveedores derivadas de la actividad comercial o con cualquier otro tipo de acreedor.
El resultado de esa ecuación indica cuántos euros de financiación externa tiene la pyme respecto a cada euro propio. Un ratio de 0,7, por ejemplo, significa que hay 0,7 euros de capital ajeno por cada uno propio.
¿Cuál es el ratio de endeudamiento óptimo?
Como regla general, el valor óptimo del ratio de endeudamiento oscila entre 0,4 y 0,6. Por encima de ese nivel, la solvencia de la empresa puede verse comprometida, aunque ello depende de las circunstancias particulares de la pyme y el sector donde opera. Las empresas industriales y de la construcción, por ejemplo, suelen necesitar inversiones externas más elevadas, por lo que, si la deuda se planifica bien, un ratio de endeudamiento elevado no debería representar un problema.
De hecho, un ratio de endeudamiento demasiado bajo, inferior a 0,4, podría indicar que la empresa no está aprovechando el margen financiero del que dispone para crecer y ganar en capacidad operativa. Por otra parte, hay que tener en cuenta que todas las deudas no son iguales. Las deudas a corto plazo del crédito comercial, es decir, los aplazamientos en el pago de las facturas a los proveedores, pueden ser una estrategia interesante para impulsar el crecimiento empresarial.
Eso significa que, para analizar el endeudamiento de una pyme, hay que tener en cuenta los estándares del sector donde opera y valorar si la rentabilidad que obtiene, gracias a esa deuda, está por encima o por debajo del coste que supone.
La Navidad es el momento perfecto para reforzar tu estrategia de fidelización y mantener tu marca activa en la mente de los clientes, así como para estrechar los lazos con los empleados que han trabajado a tu lado durante todo el año y con tus proveedores de confianza. Por supuesto, la cena de Navidad, las cestas y los regalos representan un coste adicional para tu negocio, por lo que si eres autónomo es probable que te preguntes si puedes deducir esos gastos.
¿Puedes deducir los gastos de las cestas de Navidad?
Como autónomo, puedes deducir todos aquellos gastos en los que incurras para la realización de tu actividad profesional, siempre que puedas justificarlos y cuentes con la factura o justificante de compra. Los gastos de Navidad no son una excepción, pero existen algunos detalles importantes recogidos en la Ley del Impuesto sobre Sociedades que debes tener en cuenta.
Las cestas de Navidad, por ejemplo, uno de los regalos más comunes en estas fechas, se pueden deducir, pero siempre y cuando formen parte de los usos y costumbres de tu negocio. Eso significa que, para que la Agencia Tributaria considere que tienes derecho a deducir el gasto que representan, debe ser un hábito repetido a lo largo del tiempo.
Por tanto, si nunca has regalado cestas de Navidad o lo has hecho de manera ocasional, no podrás deducir esos gastos. Para poder deducir su importe, tendrás que justificar su naturaleza y sistematicidad. Por consiguiente, el primer año no las podrás deducir, pero si guardas los comprobantes, durante los años sucesivos podrás deducir ese gasto pues se considera que se trata de una costumbre.
¿Puedes deducir los regalos a clientes?
Las cestas de Navidad que regales a clientes, colaboradores o proveedores se consideran gastos de relaciones públicas, por lo que son deducibles bajo este concepto, pero debes cumplir ciertos requisitos. En primer lugar, es importante que la factura refleje que se trata de un obsequio personalizado y que los regalos lleven tu logo.
También puedes regalar muestras de productos, pero en ese caso los obsequios deben carecer de valor intrínseco, por lo que deben llevar grabado de manera indeleble la publicidad de tu marca o indicar que se trata de una “muestra comercial” o que está “prohibida su venta”.
En cualquier caso, este tipo de gastos no puede sobrepasar cierto importe. La ley es muy clara: “los gastos por atenciones a clientes o proveedores serán deducibles con el límite del 1 % del importe neto de la cifra de negocios del período impositivo”. En el caso de las muestras gratuitas de productos, estos no deben superar los 200 euros de importe al año.
¿Puedes deducir el IVA de los gastos de Navidad?
Todo lo relacionado con la aplicación y declaración del IVA está regulado por la Ley del Impuesto sobre el Valor Añadido. En el artículo 7, esta indica que “no estarán sujetas al impuesto las entregas gratuitas de muestras de mercancías sin valor comercial estimable, con fines de promoción de las actividades empresariales o profesionales”.
Si adquieres regalos o cestas de Navidad para tu personal, clientes y/o proveedores, no tendrás que repercutir IVA por la entrega, pero las cuotas soportadas en la adquisición no serán deducibles. No obstante, si los regalos consisten en productos que comercializas habitualmente, tendrás que repercutir el IVA, pero las cuotas soportadas son deducibles. En el caso específico de la cena de Navidad, el IVA soportado no es deducible.
Por último, no olvides que para deducir los gastos de Navidad, estos deben estar debidamente inscritos en tus libros de contabilidad y debes guardar la justificación documental pertinente para presentarla si Hacienda la solicita en el momento de calcular el IRPF.
Toda empresa necesita financiación, sobre todo durante sus primeras etapas, ya sea para adquirir el equipamiento necesario, adaptar el local a la actividad que se va a desarrollar o asumir los costes de personal. La clave del éxito radica en encontrar las fuentes de financiación adecuadas al tipo de proyecto empresarial y contar con una estrategia de negocio que permita invertir inteligentemente para obtener la mayor rentabilidad posible.
3 pasos para financiar una empresa de cero
Calcula el importe que necesitas para poner en marcha la actividad
Todas las empresas no necesitan el mismo capital inicial para desarrollar su actividad. Si no calculas correctamente el importe y solicitas un crédito menor, la actividad puede terminar siendo inviable, pero si te endeudas demasiado terminarás asumiendo unos sobrecostes innecesarios que también pueden poner tu negocio contra las cuerdas.
Por eso debes estimar los costes en los que incurrirás para brindar el servicio o fabricar el producto y tener claro cuáles serán tus fuentes de ingresos y ganancias aproximadas. No olvides tener en cuenta los costes de personal, que pueden llegar a ser muy elevados, así como el presupuesto de marketing, esencial para promocionar tu marca y ganar cuota de mercado. Calcula los gastos en los que incurrirás al menos durante 2 años, el momento en que muchas empresas comienzan a ser rentables, y considera posibles imprevistos.
Trabaja hasta alcanzar los primeros resultados
Para tener acceso al crédito bancario o atraer a inversores, no solo es importante contar con un buen plan de negocios, que será la carta de presentación de tu actividad, sino también presentar los primeros resultados que demuestren que tu idea ya está funcionando y es viable.
Contar con un producto mínimo viable, por ejemplo, te facilitará el acceso a la financiación, ya que, aunque no se trate de la propuesta final, te permitirá poner a prueba tu idea con los clientes potenciales, brindándote información relevante para mejorar tu producto o servicio, así como minimizar el riesgo financiero que representa tu empresa de cara a una posible inversión o préstamo.
Durante esa primera fase del negocio lo habitual es recurrir a los ahorros y la ayuda de amigos y familiares, quienes pueden participar en el capital de la empresa o facilitarte un préstamo con un interés más bajo, por lo que tendrás que reducir los costes al mínimo.
Analiza las diferentes fuentes de financiación y elige la más conveniente
Elegir las fuentes de financiación adecuadas es fundamental para el éxito de tu empresa. Valora la relación entre el coste de la financiación y el rendimiento del negocio, pues si el coste es muy elevado, tu proyecto no será viable a largo plazo.
Para financiar tu empresa, puedes elegir entre tres grandes alternativas de financiación: deuda, capital y subvenciones. Si quieres priorizar la solvencia, lo mejor es buscar socios que financien el negocio, como los fondos de capital de riesgo, incubadoras y business angels. Con estas alternativas, tu empresa no arrastrará el peso de una deuda, pero ten en cuenta que tus beneficios se diluirán e incluso existe la posibilidad de que pierdas el control del negocio.
Si quieres mantener el control de la empresa y la rentabilidad, puedes pedir un crédito. Lo más habitual es recurrir a las entidades bancarias, que te pueden exigir para conseguir la financiación presentar un aval. Otra opción consiste en apostar por las subvenciones públicas, como las líneas ICO, aprovechar los incentivos fiscales a nivel autonómico, nacional o europeo, y/o buscar financiación para los proyectos I+D.
Dependiendo del perfil del negocio, puede valer la pena explorar vías alternativas como el crowdfunding, a través del cual muchos inversores pequeños realizan aportaciones a cambio de acciones de la empresa o de recibir el producto, en cuyo caso sería una especie de preventa.
Por último, pero no menos importante, una vez que has encontrado la financiación debes gestionarla adecuadamente realizando inversiones inteligentes y asegurándote de contar con un plan que prevea una línea de gastos razonable.
Todas las empresas necesitan recursos económicos para financiar su actividad, pero cuando no cuentan con recursos propios suficientes deben recurrir a otras vías de financiación. Los préstamos bancarios han sido la alternativa más habitual para las pymes, pero en los últimos tiempos han cobrado protagonismo otras alternativas, como la deuda privada.
Las cifras no dejan lugar a dudas. En poco más de una década la financiación no bancaria en Europa, entre la que se encuentra la deuda privada, ha pasado de representar un 37 % de la financiación total a superar el 50 %, según reveló el Anuario sobre Renta Fija y Financiación Alternativa.
¿Qué es la deuda privada y cuáles son sus objetivos?
La deuda privada es una forma de financiación complementaria a los canales convencionales para las pequeñas y medianas empresas, que consiste en la emisión de activos de deuda por parte de empresas privadas.
El mecanismo funciona de manera parecida a la emisión de deuda pública, pero los activos de deuda se emiten de manera privada, no se negocian en el mercado público sino en un mercado privado secundario. Los fondos suelen provenir de gestoras privadas, que ofrecen préstamos a largo plazo con condiciones flexibles.
Esta alternativa no se utiliza para salir de apuros financieros o para cubrir la necesidad de circulante. La empresa debe demostrar que está creciendo. De hecho, se recomienda que el nivel de apalancamiento no supere cinco veces el EBITDA, el beneficio bruto de explotación antes de deducir los gastos financieros.
La deuda privada se suele usar para financiar grandes proyectos en las pymes, ya sea para ampliar el volumen de negocio, realizar adquisiciones, cubrir determinados cambios accionariales o desarrollar los planes de expansión internacional.
¿Qué tipos de deuda privada existen?
Existen diferentes tipos de deuda privada. Los préstamos senior y junior son los más habituales, aunque estos también se presentan bajo diferentes fórmulas pues una de sus principales características es, precisamente, un elevado nivel de personalización para ajustarse a las necesidades de financiación de la empresa.
Deuda senior.
Se trata de préstamos que generalmente se conceden a empresas que cuentan con una calificación crediticia otorgada por agencias de calificación externas como Estandar & Poor’s, Moody’s y, recientemente en el panorama español, Inbonis Rating. Suelen ser préstamos que pagan un tipo de interés menor, ya que la exposición al riesgo es reducida. De hecho, suele ser una deuda asegurada, con una doble garantía, respaldada por los activos de la empresa y con un derecho preferente del prestamista sobre el resto de los acreedores, en caso de que el negocio quiebre.
Deuda junior.
Este tipo de deuda privada, también denominada no garantizada o mezzanine, no está vinculada a ningún activo. Normalmente recurren a ella aquellas empresas que no cuentan con calificación crediticia o ésta es mala, o que por su nivel de endeudamiento o planes de negocio no pueden financiarse recurriendo a préstamos bancarios o bonos senior. Como el riesgo que representa esta operación es mayor y tiene una prioridad de reembolso menor que la deuda senior, sus intereses son más elevados. También suelen tener plazos de amortización más largos o incluso no tienen plazo de vencimiento, en cuyo caso se denominan bonos subordinados especiales.
En resumen, la deuda privada puede ser una buena alternativa de financiación a largo plazo para aquellas pymes que tengan un buen volumen de negocio y posean planes de expansión. No solo permite evitar depender en exceso del crédito bancario, sino que suele ofrecer condiciones más flexibles, la posibilidad de realizar un mayor apalancamiento y apostar por plazos de amortización más largos o incluso devolver el capital al final del vencimiento.